EL AYUNO TERAPEUTICO
Dr. José Luis Pérez Albela Beraún
C.M.P. 18164



La alimentación y el ayuno pueden compararse como las dos caras de una misma moneda que es la nutrición integral. Aceptamos que es provechoso descansar durante un día o dos a la semana, y durante cuatro o cinco semanas en el año. Aceptamos que es saludable dormir una tercera parte de nuestra vida, para que los músculos, glándulas y el sistema nervioso se recuperen de las actividades diarias. Pero ¿qué hay de la digestión?

Algunas personas no dan paz al estómago, intestinos, hígado, páncreas y glándulas asociadas a ellos. No ha aparecido el hambre señalando que un proceso digestivo se ha completado, cuando ya le entregan una nueva comida para procesar. Así se acumulan reservas que no se necesitan, bajo la forma de obesidad, con sus secuelas de hipertensión, cardiopatías, diabetes, artrosis y depresión psíquica. También se acumulan depósitos lípidos intra-arteriales que originan posteriormente cardiopatía isquémica y enfermedad cerebro vascular.

Como un esclavo de un amo tiránico, el aparato digestivo de muchas personas no tiene un sólo día de descanso, a veces ni tan siquiera unas pocas horas. No es de extrañarse el gran número de enfermedades digestivas que, de uno u otro modo, resultan del agotamiento, del trabajo incesante que impide eliminar las toxinas acumuladas día a día, desajustando el delicado balance entre desgaste y recuperación.
Habiendo comprobado los beneficiosos efectos del ayuno, muchos sabios de la antigüedad introdujeron en las religiones el mandato de ayunar: los Católicos y otros Cristianos durante la Cuaresma, los Judíos el Día del Perdón, los Hinduístas en el Ekadashi, 11 días después de cada Luna Llena. También los Pueblos Islámicos o Musulmanes tienen una elevada estima por la práctica del ayuno.
Mahatma Gandhi, el líder de la India, quien en una ocasión ayunó durante cuarenta días, escribió en el periódico "Young India" del 25 de septiembre de 1.924: "Cuando existe un dolor que no podemos eliminar, debemos ayunar." A lo cual podríamos complementar la frase diciendo que cuando existe un dolor moral que no podemos eliminar, el ayuno puede devolvernos la alegría.
Pero de hecho, Gandhi ayunó casi un mes y medio, luego de lo cual vivió 24 años más, de intensa actividad, y si tres disparos no le hubieran quitado la vida a los 79, hubiera vivido muchos más, enérgico, lúcido y saludable.
Un ayuno tan prolongado es riesgoso. El tema ha sido muy minuciosamente estudiado a partir de 1.925, con los trabajos del Dr. Spencer. Se comprobó que en un ayuno de 24 días, la tercera parte del peso que se pierde no es grasa, sino músculo, incluso músculo cardíaco. El caso más serio, reportado por Garnett y colaboradores, fue el de una mujer joven, que ayunó para adelgazar. Murió de causa cardiaca. La autopsia reveló una gran reducción de miofibrillas en el corazón, lo cual produjo fibrilación ventricular.
En los ayunos prolongados con la intención de curar enfermedades que no responden a otras terapéuticas, luego de cierto número de días se comienzan a aportar vitaminas, minerales, oligoelementos y aminoácidos (proteínas) para evitar el "autocanibalismo", o sea, el cuerpo que come su propia carne para romper y digerir los enlaces químicos de esa materia orgánica liberando energía para formar otros enlaces y producir calor.
Esta destrucción de tejidos sanos logra que los órganos vitales como el cerebro puedan continuar en actividad.

Como veremos, los investigadores concuerdan en que el organismo puede sobrellevar un ayuno de 7 a 10 días sin sufrir daños. Practicando ayunos razonables, y una buena realimentación cada vez, se obtienen mejores resultados espirituales y psíquicos que con ayunos exagerados, sin riesgo alguno, de una manera mucho más agradable y científica.

En suma, los ayunos de un día y de tres días son inofensivos y muy beneficiosos, en cambio, los ayunos de tres semanas y más requieren vigilancia, complementos y conocimientos especiales. Como dijo Avicena, filósofo y médico árabe que vivió del 980 al 1.037 “Todo puede ser remedio, todo puede ser veneno; depende de la cantidad.”

Es frecuente que los médicos sometan a sus pacientes a ayunos de una semana o más ante intervenciones quirúrgicas, accidentes, enfermedades del aparato digestivo y otras situaciones. Se le aporta al paciente suero fisiológico (agua bidestilada con 9 gramos de sal por litro) o agua con una pequeña cantidad de glucosa. Eso ocurre todas las semanas en todos los hospitales y sanatorios del mundo. Recién después de esos varios días se comienza a aportar alimentación parenteral, o sea proteínas y grasas directamente a través de las venas.
En entrevistas con personas que han practicado ayunos de una semana o más como protesta social o política, se comprueba a menudo que, luego de los mismos y de la realimentación correspondiente, los ayunadores gozan de mayor lucidez mental, ánimo y capacidad de trabajo, así como una salud más fuerte, mayor defensa ante infecciones y epidemias, y la curación de alguna condición previa considerada crónica, como asma, alergias, artritis, hipertensión, estreñimiento y disminución de la visión, a las cuales la Medicina socialmente instituida puede tratar y compensar, pero no curar radicalmente.

En el sur de Francia, en Londres y en EE.UU., existen clínicas donde se practica el ayuno vigilado de entre uno y diez días o más, seguidos de realimentación racional con comidas naturales. Sus médicos reportan la completa reversión de condiciones tales como la impotencia en el hombre y la frigidez en la mujer. En quienes no los padecen, también ocurren cambios muy favorables en su vida sexual, como parte del rejuvenecimiento.
Ayunar es uno de los métodos más antiguos y perfectos conocidos por el hombre para reacondicionar, purificar y curar el cuerpo. Es raro que sean relativamente pocas las personas que conocen el método exacto de este maravilloso sistema de terapia autónoma. Cuando los animales están heridos o se sienten enfermos, ayunan para curarse. Este ayuno es instintivo, ya que al dejar de comer se permite al cuerpo purificarse, recuperarse y sanar por sí mismo. El hombre, por su parte, ha perdido parcialmente esa sabiduría instintiva y se beneficia de volver a aprenderla.

A veces, movidos por ese instinto, los niños y los jóvenes rechazan una o dos comidas. Es un error de parte de los padres angustiarse y preocuparse. Es mejor dejar al niño y al joven que obedezcan los mensajes interiores del cuerpo, para que salteen una o más comidas bebiendo únicamente agua mineral, té o tisanas como forma de desintoxicarse y dar descanso a su ser interno.

Tal vez Ud. se encuentra desde largo tiempo atrás aquejado de una molestia o enfermedad crónica, y no ha encontrado curación. Tal vez ha visitado un médico tras otro, has probado la homeopatía, las hierbas medicinales, la medicina complementaria y otros medios, sin éxito permanente. Entonces le sugerimos probar el ayuno y observar los resultados.

Y poco a poco aprenderá por experiencia propia los pequeños detalles y "secretos" del ayuno, no sólo para curarte, sino para recuperar y prolongar las características juveniles del ser humano.
El ayuno, además de salud, produce alegría y paz mental, permitiendo reorganizar tu vida partiendo de esa comunión con la Naturaleza que es la alimentación.